1. Tendencias de la pobreza 1998-2005

El último Censo nacional efectuado en el 2005, registraba 5.4 millones de habitantes. En la zona urbana se concentraba la mayoría de la población con un 55.9%. Tal concentración en la zona urbana tuvo por orígenes el fenómeno migratorio y las altas tasas de crecimiento poblacional.

Para ese mismo año, la incidencia de la pobreza general en Nicaragua se estimó en 48.3% y la pobreza extrema en 17.2%. En contraste con años anteriores, ambos porcentajes no muestran variaciones significativas, por lo que se evidencia que Nicaragua no ha presentado cambios sustantivos en su meta de reducción de la pobreza.

Los niños, niñas y adolescentes están entre los grupos más vulnerables a la pobreza. En 1998 estos representaban casi la mitad de la población equivalente al 49.8%; de éstos, el 54.8% se encontraban en condición de pobreza. Para ese mismo año, la proporción de hogares con al menos un niño, se estimó en 86.4% en todo el país, cifra que presentó también una reducción de 6 puntos porcentuales para el 2005.

De 1998 al 2005, la pobreza en los hogares del país no presentó cambios significativos, pasó de 38.8% al 39.2%, respectivamente. Sin embargo, entre el 2001 y 2005 se aprecia un aumento singular de 2.6 puntos porcentuales, ocurriendo lo mismo en los hogares pobres con niños. El total de niños pobres en el país aumentó en 2005 con respecto al 2001 y 1998. Subir

2. Incidencia de la Pobreza según Grupo de Edad y Sexo

La estructura de la población por grupo de edades indica que el 37.3% de la población infantil se concentra en el grupo de 0 a 15 años y, de este grupo, el 13.7% lo integran menores de 5 años (EMNV 2005). En la zona rural, la población menor de 15 años ascendió al 41.8% y, en la zona urbana, el 32.4%. Un número alto de niños y niñas de los países más pobres de Latinoamérica están quedando rezagados. La situación de Nicaragua no es excluyente de esta realidad ya que con una población de más de 5.4 millones de habitantes y una tasa anual de crecimiento demográfico de un 2.7% (uno de los más altos del continente), el sector de la población que ha sido más azotado por la pobreza y la desigualdad sigue siendo infancia.

Basándose en el método agregado de consumo y la línea de pobreza nacional, la tasa de pobreza es mayor para la población de 0 a 5 años con un 57.2 %, ascendiendo a 58.0% en los menores entre los 6 y 11 años. Por su parte, los niños y niñas de 12 y 14 años representan el 53.9 %.

Los valores porcentuales reflejan en términos de pobreza extrema y pobreza general que son las niñas y los niños quienes sufren la pobreza de manera más aguda dada la dependencia y las vulnerabilidades propias de la edad. Subir

3. Tasa de actividad de la población de 10 años y más según rea de residencia y sexo

Los hogares pobres en Nicaragua tienen múltiples dificultades al momento de afrontar el creciente costo de la educación. Estos costos surgen porque las familias de escasos recursos tienen una formación deficiente para conseguir mejores trabajos, problema generado sobre todo por la ausencia de formación académica. Las, niñas, niños, adolescentes y jóvenes de estos hogares enfrentan la misma realidad puesto que tienen pocas oportunidades de educarse y capacitarse con calidad, carecen de un adecuado capital social y, por ende, también acceden a ocupaciones de baja productividad cuando ingresan al mercado de trabajo.

El creciente costo de la tasa de actividad de la población de niños de 10 años y más, refleja las disparidades concernientes a la inserción laboral, donde las zonas de residencia y el sexo determinan a su vez el ingreso que devengan. De esta forma y tomando la pobreza infantil como agravante, los niños tienen un mayor índice de participación laboral tanto a nivel urbano (67.7%) como rural (79.5%), en tanto que las niñas muestran una incidencia menor en el ámbito laboral (del 44.6% y 27.3%, respectivamente) viéndose reflejada dicha disparidad a nivel nacional.

La condición de inactividad que corresponde al “estudiante/menor” es de 69.1% a nivel nacional para los varones y de sólo 34.3% para las mujeres (tales diferencias son mucho mayores en las zonas rurales). Esta situación refleja que las mujeres están socialmente condicionadas para “quedarse en casa”, mientras que a los varones se les reconoce el derecho de inserción al mercado de trabajo. Subir

4. Porcentaje de población masculina y femenina menor de 14 años por Quintiles de Bienestar

La baja escolaridad promedio de la población nicaragüense es uno de los factores cruciales que limitan el acceso de los pobres a empleos formales mejor remunerados. En Nicaragua, la población adulta (entre 25 y 59 años) se encuentra por debajo del promedio regional latinoamericano y centroamericano en términos de escolaridad. La escolaridad incide lógicamente en los niveles de empleo de este país, donde la oferta de trabajo se da para personas con mayores niveles educativos.

La disponibilidad de la información indica que una quinta parte de la población nicaragüense no tiene acceso a la educación. Alrededor del 50% de los trabajadores no ha logrado completar su educación primaria, el 60% de los trabajadores tienen como máximo la educación primaria concluida, el 22.5% tiene secundaria incompleta, el 10.2% de los trabajadores han logrado culminar la educación secundaria y tan sólo un 10.8% ha alcanzado un nivel educativo superior (EMNV 2005, INIDE).

Las características de la fuerza de trabajo y el mercado laboral nicaragüense inciden de forma determinante tanto sobre los niveles de pobreza como en la reproducción inter-generacional de la pobreza. La perpetuación de la pobreza a lo largo del tiempo versa sobre dos factores principales: por un lado, los bajos ingresos de los trabajadores que componen las familias pobres y, por el otro, las elevadas tasas de dependencia demográfica en esas familias. El menor porcentaje de personas en edad activa en comparación con las dependientes, sobre todo niños, obliga -por ambos factores- a repartir el ingreso entre un mayor número de personas, pese al llamado “bono demográfico”. Esta dependencia se mantiene elevada en los estratos socioeconómicos más vulnerables debido a los mayores niveles de fecundidad.

La tasa de dependencia respecto a los quintiles de menores ingresos se manifiesta por un mayor porcentaje de menores de 15 años en el hogar. Esto explica a su vez que al albergar un mayor número de menores dependientes, los pocos ingresos con los que cuentan deben ser utilizados para asegurar la supervivencia de estos. En el quintil de menores ingresos, las niñas y niños de 14 años, representan el 46.8% y 45.4% de la población total de dicho quintil en contraposición a los de mayores recursos (23.6% y 25.2%, respectivamente). Subir

5. Porcentaje de menores de 18 años por Quintil de Bienestar

La tasa de dependencia de los hogares rurales y los pertenecientes a los quintiles de menores ingresos tienen fuertes implicaciones en términos de su impacto sobre la pobreza infantil. Las familias pobres no solamente tienen más miembros que las no pobres, sino que concentran un mayor porcentaje de niños con relación al número total de miembros del hogar, lo que provoca una alta tasa de dependencia infantil.

Sumado a esto, dichos hogares evidencian una menor tasa de participación laboral, lo que significa que un menor porcentaje de la población en edad de trabajar se convierte en población económicamente activa.

El 75.7% de las niñas, niños y adolescentes se concentran en los tres primeros quintiles de la distribución del ingreso, que corresponden al 60% más pobres de los hogares. Las niñas, niños y adolescentes constituyen el grupo de edad más afectado por la pobreza al estar sobre-representados en los hogares de menores ingresos. En tales hogares se manifiesta un mayor número de niños y adolescentes con relación a los de mayores recursos. Los tres primeros quintiles de la distribución del ingreso (32.8%, 24.2% y 18.7%, respectivamente) obedecen a familias constituidas por un mayor número de niñas, niños y adolescentes dependientes que agravan negativamente la propensión a obtener más y mejores ingresos.Subir